El otro día leía un artículo —juraría que era sobre el País Vasco— que decía que el uso de la IA estaba bastante extendido, pero que apenas se le sacaba beneficio. Y lo cierto es que me sonó. Bastante.
¿Tienes IA, pero no sabes qué hacer con ella?
Cada vez veo más gente que ha probado a jugar con GPT, Copilot o similares… pero como mucho lo usan como un Google un poco más listo. Ya hemos hablado alguna vez de eso.
El tema es que no se trata solo de «perderle el miedo». El problema no es tanto la resistencia al cambio, sino que muchas veces ni se nos pasa por la cabeza que ciertas cosas se pueden hacer de otra manera.
Y eso lo veo tanto en lo profesional como en lo personal. Me pasa a mí, y lo veo a mi alrededor. Hay una brecha de aprovechamiento muy clara.
Lo que a mí me sirvió, igual a ti también
Yo mismo he aprendido algunos usos que ni me había planteado gracias a gente que sigo en YouTube o LinkedIn. Uno, por ejemplo: dictar una idea suelta y luego dejarle a la IA que lo estructure como un post, incluso con imagen generada.
¿Aplicación profesional? Más de la que parece.
- Si puedes dictar una entrada de blog, puedes dictar una historia de usuario.
- Si puedes pedirle que reordene ideas para publicar, puedes pedirle que lo haga con un acta de reunión.
- Si puedes resumir tu día para ti, puedes hacerlo para tu equipo.
La clave está en cambiar el prompt, no el hábito.
Nueva serie: La IA en el día a día
Por eso voy a abrir una nueva línea de artículos más cotidianos: ejemplos de cómo uso la IA en mi día a día. No necesariamente en cosas de curro, pero sí cosas que pueden inspirar otras ideas aplicables a lo profesional.
No se trata de postureo ni de trucos mágicos. Se trata de abrir el radar.
Moraleja
La IA no es una varita mágica, pero tampoco es solo para frikis. A veces, lo que necesitas no es más formación, sino más ejemplos.
Si tú también usas IA para cosas raras o útiles, ¡me encantará seguir la conversación en LinkedIn! 😉
Tu tambien puedes tener un Diseñado en la cabeza de Iñigo, made in ChatGPT
