Como dice mi madre, soy el tío de los olores, lo reconozco. A unos les va el vino, a otros los quesos, a otros los coches deportivos, etc. A mí, lo que me pierde son los perfumes, te ayudan a cambiar el estado de ánimo. De nicho, además. De esos que cuestan un riñón y duran tres vidas, así que hay que elegirlos muy bien, que riñones solo tengo dos 😔.
El otro día, tras una jornada cancelada de recados, acabé deambulando por El Corte Inglés. Y claro, uno no entra a “mirar” perfumes. No pude hacer los recados, pero si salí con unas muestras nuevas en la mochila y una pregunta en la cabeza.
¿Y si le pido ayuda a la IA con esto?
Llegué a casa y saque a relucir mi faceta mas innovadora: abrí ChatGPT y le dicté toda mi colección de perfumes. Nada de teclear—eso ya lo he contado en otra entrada—porque hablarle al modelo es mucho más ágil.
Le solté nombres, marcas, impresiones… Y el modelo, que no tiene nariz pero sí contexto, empezó a ayudarme. No a recomendar a lo loco, sino a:
- Identificar qué me gusta de verdad.
- Ver qué carencias tengo (hola, perfumes cítricos de verano).
- Comparar alternativas que había visto ese día.
- Ahorrarme visitas a Fragantica buscando notas, familias y reseñas.
¿Esto va de perfumes o de productividad?
Las dos cosas. Porque al final no es tanto el perfume como el caso de uso. Lo que hice fue usar una IA generalista como un copiloto muy personalizado, no para sustituir mi gusto, sino para entenderlo y amplificarlo.
Y eso me hizo pensar: ¿cuánta gente está infrautilizando modelos como ChatGPT porque no les da contexto? ¿Cuántos están pidiéndole magia sin haberle contado antes su historia?
Este caso, aunque parezca frívolo, es una metáfora útil para equipos y profesionales que aún no ven el punto de incorporar IA a su flujo de trabajo. No hace falta que sepa programar: hace falta que sepa de ti.
No se trata de oler mejor, sino de decidir mejor
La IA no huele. Pero organiza. Te ayuda a pensar en voz alta, a tomar decisiones con más información y menos desgaste. Y eso, se llame perfume, arquitectura software o estrategia de innovación, al final es productividad.
Moraleja
No hace falta tener un problema técnico para que la IA te aporte valor. Basta con tener una decisión entre manos… y darle contexto.
¿Y tú, a qué IA le has contado ya tus vicios? Cuéntamelo en LinkedIn 😉
Diseñado en la cabeza de Iñigo, made in ChatGPT, y personal Shopper a ver a donde nos acaba llevando esto…
