Últimamente me ha dado por experimentar con un GPT personalizado que me ayuda a repasar las entradas del blog. Y hace unos días, al pasarle una URL mía, me di cuenta de que el pobre se quedaba atascado. No por falta de inteligencia, sino porque el HTML venía tan cargadito de scripts, estilos y marcos que lo importante —el contenido— se perdía entre la maleza.
¿A quién estamos sirviendo nuestras webs?
Durante años, los arquitectos de software nos hemos centrado en optimizar la experiencia de usuario… humana. Pero resulta que los nuevos usuarios no llevan gafas ni ratón. Son bots. Inteligentes, veloces, insaciables.
Y esos bots, especialmente los que razonan, no hacen una búsqueda, leen un artículo y se van. No. Se lanzan a por toda la web, scrapings incluidos, con un ansia que dejaría a Google Reader en pañales.
Esto plantea una cuestión incómoda: ¿están nuestras webs preparadas para clientes no humanos?
El rendimiento no es lo único: la eficiencia cognitiva del bot
Un humano entra en Google, lee dos párrafos, decide si sigue. Pero un agente basado en IA se lo zampa todo, javascript inútil incluido, para intentar entender. Eso es un despilfarro brutal de ancho de banda, CPU y paciencia (la suya y la nuestra).
Lo he comprobado con mi agente. Si le paso una URL con mucho HTML decorativo, no solo tarda más: muchas veces no consigue extraer lo relevante porque se le cuela el menú, el pie de página y los avisos legales antes del contenido real. Cuando no directamente alguna herramienta anti bots corta parte del contenido.
¿Y si empezamos a pensar en ellos también?
Quizá haya llegado el momento de repensar cómo servimos información. No digo que reemplacemos el frontend, pero podríamos ofrecer rutas alternativas, más livianas, diseñadas explícitamente para estos nuevos consumidores digitales.
Imaginad algo así como un Model Context Protocol (MCP): una interfaz específica que exponga el contenido relevante, sin javascript, sin estilos, sin adornos. Puro conocimiento. Algo así como el «modo lectura» para bots. Quizás nuestros servidores nos lo agradezcan, o el financiero al ver el gasto de la nube de turno.
Moraleja: el próximo cliente puede que no tenga ojos
Estamos en plena transición hacia una web que ya no es solo para humanos. Y como arquitectos, innovadores o simplemente como quienes mantenemos el chiringuito online, toca hacerse preguntas nuevas.
¿Estamos enseñando bien nuestras cartas a estos nuevos jugadores? ¿O seguimos decorando el tablero para un público que ya no mira?
👉 Si esta reflexión te ha tocado una fibra o quieres compartir cómo lo estás resolviendo tú, te leo encantado en LinkedIn. ¡La conversación sigue allí!
De momento lo que si tengo claro es que está Diseñado en la cabeza de Iñigo made in ChatGPT, y que el topicazo de las gafas me ha hecho gracia y lo he dejado. Quien lo leerá ya no lo tengo tan claro 😉
