Cuando trabajaba en Iberdrola como consultor de innovación al negocio, solía decir una frase muy simple: la innovación es Iberdrola dentro de tres o cinco años.
No era postureo. Era una forma práctica de justificar por qué merece la pena dedicar un poquito de recursos a hacer pequeñas pruebas de concepto: para eliminar dudas (o confirmar límites) sobre cosas que, si íbamos bien encaminados, en tres a cinco años serían parte del día a día.
Sigo pensando que esa definición es válida. Lo que ha cambiado —y mucho— es el reloj.
Mi definición de innovación (y por qué funcionaba)
En un contexto grande, la innovación no es solo “hacer cosas nuevas”. Es gestionar el riesgo y el aprendizaje.
Por eso las pruebas de concepto encajan tan bien: buscan despejar incertidumbre. Si lo tuviésemos todo claro, no sería innovación: sería un proyecto.
Con IA, el horizonte se ha comprimido
Con la inteligencia artificial he vivido una sensación nueva: la innovación ya no es a tres o cinco años. En estas cosas, muchas veces es a seis meses vista, y un año como máximo.
Lo he notado incluso en algo tan cotidiano como mantener mi web en WordPress: lo que hacía en verano, y cómo lo hacía, no se parece a lo que puedo hacer ahora en Navidades. La tecnología ha avanzado lo suficiente como para obligarte a revisar tu forma de trabajar.
Déjà vu: cuando Internet era “cada día algo nuevo”
Esto me recuerda mucho a cuando empezó todo el tema de Internet, con Java, los Servlets y los EJB.
Era una época muy dinámica: cada día salían cosas que pegaban un avance significativo sobre lo anterior. Estamos hablando de hace más de 25 años.
Hoy, en cambio, muchas tecnologías están más estables. Y, precisamente por eso, esta época de la IA me resulta tan familiar: vuelve esa sensación de revolución, de sorpresa constante y de adaptación continua.
Una época bonita… si la innovación te viene de serie
Si eres de los que llevan la innovación de serie —como yo, que siempre he tendido a probar, medir y ajustar antes de dar nada por sentado— esta etapa es preciosa: desafiante, sí, pero muy bonita.
Si tu planteamiento es más inmovilista, probablemente no estés tan contento. Pero es lo que toca, porque esto difícilmente se puede parar: la mejora de productividad que tienes es brutal.
Y, encima, cada nada salen cosas que te obligan a adaptarte para dar un salto de calidad y de productividad… otra vez.
Moraleja
Durante años, innovar era mirar a tres o cinco años. Con la IA, el horizonte se ha encogido y el ritmo se ha disparado.
No es solo “usar una herramienta”: es aceptar que tu forma de trabajar cambia más rápido. Y decidir cómo te adaptas.
¿A ti qué te está obligando a replantearte este ritmo? Te leo en LinkedIn.
Diseñado en la cabeza de Iñigo, made in ChatGPT.
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