¿Y tú, en qué sigues siendo mejor que la IA?

Hace unos días estaba revisando código con un compañero. Había dejado un fragmento que, como diría cualquier auditor de ISO o CMMI con media sonrisa, “tiene margen de mejora”. Me acerqué, y le dije tranquilamente: “Este trocito… me ha dicho el Sonar que necesita un poco de cariño, ¿puedes encargarte?”. Sin más pistas.

🧠 Deja que piensen. Crecen más.

Creo que a la gente hay que darle espacio para pensar. Me explico: si te dan la solución mascadita, no desarrollas el “olfato técnico”, que es lo que más vale a medio plazo, creo que es parte del mentoring. Y efectivamente, al cabo de un par de días, me encuentro que el compañero había refactorizado el código tal como yo lo habría hecho… ¡y con algún truquito del lenguaje que yo ni conocía! Para nota. 🤯

Cuando le pregunté, me dijo que había tirado de ChatGPT. Y ahí fue cuando me saltó la reflexión.

⚙️ La IA ya compite contigo… y lo hace por 20 pavos al mes.

Siempre he tenido claro que si quieres ganar más, no puedes estar al mismo nivel que un junior recién aterrizado. Tienes que subir escalones: más conocimiento, más criterio, más responsabilidad.

Pero ahora ya no es solo competir contra gente que cobra menos… es que compites contra cacharros que trabajan 24/7, que no piden vacaciones y que, encima, aprenden rápido y cuestan cuatro duros.

Estas cosas suelen gustar al negocio, pero…

🎯 ¿Qué aportas tú que no pueda hacer una IA?

Hay que ir haciendo el ejercicio (incómodo, pero necesario) de tachar tareas en las que ya no aportas valor diferencial. Lo que quede en blanco, eso eres tú. Y si la lista empieza a encogerse… toca reinventarse. No es postureo de gurú de LinkedIn. Es pura supervivencia profesional.

Moraleja

No luches contra la IA. Lucha por seguir siendo útil. No se trata de ser más rápido que la máquina, sino más humano, más estratégico, más versátil. Si sabes en qué destacas, no hay algoritmo que te tumbe.


👀 Si te has quedado con ganas de profundizar, echa un vistazo a «Productividad: de programadores junior a IAs» (un manual de cómo cuadricular tu trabajo para que incluso un LLM rinda), a «Cuando tu radar profesional se queda sin señal» (ideal para recalibrar el hype-metro) ¡Luego me cuentas en LinkedIn qué te ha resonado!

Este artículo ha sido Diseñado en la cabeza de Iñigo, made in ChatGPT y sí, en algunas cosas la IA es mejor que yo, que tampoco era muy difícil.

¿Que es la innovación?

Fotografía realista, formato horizontal 16:9, oficina luminosa y moderna. En primer plano, una ingeniera joven —protagonista femenina, piel morena— explica ideas en un cristal con post-its de colores y diagramas de flujo. A su alrededor, equipo diverso (mujer asiática, hombre afrodescendiente, hombre caucásico) escuchando y tomando notas en tablets. Sobre la mesa, prototipos y herramientas sencillas que sugieren mejoras incrementales, mientras en segundo plano se proyectan sutilmente iconos holográficos que insinúan soluciones disruptivas. Sin logotipos ni marcas visibles. Estilo fotográfico limpio, colores cálidos y mucha luz natural.

En la anterior ocasión ya hablamos de que, en realidad, la innovación es la modernización de unas prácticas muy comunes desde hace mucho tiempo. Pero ¿qué es realmente la innovación? Podemos preguntarle a ChatGPT y lo que nos dice es lo siguiente:

«La innovación es el proceso de introducir nuevas ideas, métodos, productos o servicios que resultan en mejoras significativas o cambios positivos en diversas áreas. Puede ocurrir en distintos contextos, tales como tecnología, negocios, educación, salud y muchos otros. La innovación puede implicar la creación de algo completamente nuevo (innovación disruptiva) o la mejora de algo existente (innovación incremental).»

Pero ¿Que es la innovación?

La experiencia que he adquirido me hace ser de la misma opinión y me gustaría compartirte algunas reflexiones que se desprenden de esta definición.

Como la innovación supone algo nuevo o, al menos, una mejora, implica que para cada persona u organización «innovador» puede significar cosas distintas. Me explico: supongamos que una empresa gestiona sus proyectos con una metodología clásica en cascada; implantar una metodología más moderna basada en el agilismo le supondría una mejora y, consecuentemente, sería innovación. En cambio, para otra empresa del mismo sector que ya utilice agilismo no habría mejora y, por tanto, el agilismo no sería innovador. En definitiva, tú defines qué es innovador para ti.

El concepto de que algo suponga una mejora significativa es muy amplio, así que casi cualquier cosa puede ser innovadora. Por ejemplo, si un equipo desarrolla una aplicación de software sobre una versión de un lenguaje de programación y la migra a una versión superior que le permite mejorar su productividad gracias a las nuevas características del lenguaje, también se consideraría innovación. Eso es una suerte podrás seguir haciendo lo de siempre y decir que eres innovador… 😉 o no.

Que es la innovación para mi

Con esta definición prácticamente todo encaja dentro de la innovación, pero para mí lo que marca la diferencia a la hora de considerar si una empresa es innovadora o no es el hecho de si tiene un proceso de innovación definido, sistematizado y auditado… o si, simplemente, son unos colegas haciendo una prueba mientras se toman un café de máquina en la oficina.

Innovación disruptiva vs incremental

Creo que es esencial interiorizar que la innovación no tiene que ser necesariamente disruptiva; es decir, no tiene por qué poner patas arriba tu empresa o tu sector. Puede ser perfectamente incremental, con pequeñas mejoras, porque esto suele alejar a demasiadas personas de la innovación y si es el negocio que suele ser el patrocinador, tienes un problema.

Si lo tuviésemos todo claro, no sería innovación: sería un proyecto

Moraleja

Al final, innovar no es saltar al vacío, sino acotar riesgos y aprender deprisa.


¿Conoces mucha gente que piensa que la innovación debería ser disruptiva? Cuéntamelo en LinkedIn; me encantará conocer tu visión.

Diseñado en la cabeza de Iñigo, made in ChatGPT también es innovación.

De la Feria a la Innovación: Superando la Resistencia y Adoptando Nuevas Tecnologías

Fotografía realista con iluminación natural y ambiente diáfano en un pabellón de feria tecnológica. En primer plano, una ingeniera rubia sostiene una tablet mientras evalúa un brazo robótico de última generación en funcionamiento. A su lado, un compañero asiático y otro caucásico hojean catálogos impresos y comentan posibles mejoras, simbolizando el paso de los catálogos de feria a la prueba de concepto. Al fondo, stands y pantallas ligeramente desenfocados, sin logotipos visibles. Composición horizontal 16:9, colores vivos y sensación de entusiasmo por la innovación.

De mi experiencia gestionando innovación he extraído varios aprendizajes, y en esta ocasión quiero compartir contigo el que, para mí, es el más importante: superar la propia resistencia a la innovación. Una vez derribada, se desbloquea todo el universo de posibilidades.

Recuerdo a mi padre, ingeniero técnico industrial, cuando yo era pequeño. Llegaba a casa cargado con bolsas de catálogos tras visitar alguna feria —la más trascendente para él era la Bienal de Máquina‑Herramienta de Bilbao—. Extendía los catálogos sobre la mesa del comedor y empezaba a clasificarlos.

A veces descubrían un producto o proveedor desconocido; otras, nada que ya no conocieran en la empresa. Eso también lo consideraban positivo: significaba que estaban al día. Supongo que estarás de acuerdo en que este modo de proceder es normal; si no te actualizas, te adelanta la competencia.

En una ocasión lo acompañé a una feria en la ciudad. Se detuvo en un stand que vendía una máquina de encuadernar y comentó que tenían problemas al encuadernar las fotocopias en la oficina de la que él era responsable —hablamos del siglo pasado—. La máquina tenía buena pinta y el precio le pareció razonable, así que encargó una.

Tiempo después le pregunté cómo funcionaba; me contó que la habían probado, pero no terminó de convencerles. La devolvieron y compraron otra que se ajustaba mejor.

Me parece lógico: si ves algo que puede solucionar tu problema a un precio razonable, lo mínimo es probarlo, sobre todo en una empresa grande donde el coste de esa máquina no llega ni a la categoría de calderilla.

La innovación hoy día

Eso era el siglo pasado. Hoy el escenario se ha sofisticado. Procedo del mundo del desarrollo de software —es decir, de producción—; cuando me entrevistaban para el puesto de consultor de innovación mi gerente me acompañó, y al salir le confesé que, literalmente, no entendía qué hacía aquella gente. En ese proceso de sofisticación —metodologías, auditorías, departamentos de innovación— hemos perdido a algunas personas que piensan que innovar es casi como enviar un cohete a la Luna con magia negra.

Si quien se pierde es tu cuñado quizá hasta mole; si es un directivo de tu empresa o un cliente, probablemente sea un problema.

Conceptos clave

Te voy a actualizar los conceptos clave, simplificándolos un poco:

  • La versión moderna de señalar en el calendario las ferias para buscar novedades es lo que hoy llamamos observatorio tecnológico, radar de innovación o similar.
  • Probar una máquina encuadernadora con potencial de resolver tu problema ahora se denomina proof of concept—o PoC si lo dices en inglés.
  • Que la encuadernadora con buena pinta no te sirva una vez probada y tengas que buscar otra era normal en el siglo pasado y sigue siéndolo hoy: una PoC fallida no es un fracaso, es aprendizaje.

En el fondo, todo este modo de funcionar se engloba en el concepto de innovación, que puede ser disruptiva o no; pero eso lo dejamos para otra ocasión.

El mundo se ha sofisticado y cada día gira más rápido, pero los problemas básicos siguen siendo los mismos.

Moraleja

La moraleja es sencilla: probar y aprender sigue siendo la forma más rápida de ganar ventaja competitiva, por mucho que cambien las etiquetas. ¿Te apetece compartir tu última PoC (exitosa o fallida)? Conectemos y charlemos en LinkedIn.

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También es innovación el Diseñado en la cabeza de Iñigo, made in ChatGPT.

Los principios aplicados a mi SmartHome

Home assistant

Hace dos años, en plena pandemia, me compré una casa y ya que tenia que empezar de cero a montarla decidí hacer que fuese una casa inteligente, porque me gusta la tecnología y porque también me servia para el trabajo ya que el tener una casa inteligente es bastante innovador y una implementación domestica de un IoT.

En esta entrada te voy a comentar los principios por los que me he regido al montar mi SmartHome.

No quiero interruptores sofisticados

Lo primero que monté (aquí tienes todos los cacharros que uso) fueron un par de bombillas de Philips Hue enganchadas con el ecosistema de Apple y como soy muy listo me dije que podía encender las luces con el Siri del Apple Watch. Vaya fracaso. El Apple Watch no siempre me reconocía el comando, tenia que acordarme del nombre exacto de la luz que quería encender, entre que tardas en decir el comando, el reloj tarda en entenderte y luego lanza el comando me encontraba que llegaba a la habitación que quería encender y todavía no se había encendido la luz.

Eso si con esto del teletrabajo nos echamos una risas porque un día estaba en una reunión informal con el equipo y tenia que ir al baño así que le dije al reloj que encendiese la luz y el Siri del móvil entendió que pusiese la radio. Yo me fui al baño y el móvil estaba ahí poniendo musica que se coló por el micrófono del ordenador. Ahí es cuando dije, esto no funciona.

Cambiar un interruptor de toda la vida que enciende o apaga una bombilla por una App en un móvil o un comando de voz a un asistente virtual es simplemente cambiar un interruptor sencillo por uno mucho mas complejo, pero la orden de encender la luz la sigues teniendo que dar tu. Yo lo que quería y es lo que tengo implementado es que sea la propia casa la que encienda o apague las luces sin que yo tenga que andar diciendo nada, simplemente con entrar en una habitación.

Hay que tener un plan de contingencia

Nos podemos poner como queramos pero las cosas cuanto mas sofisticadas sean mas fácil es que algo no funcione, vamos el principio KISS de la informática. Pueden fallar y de hecho fallan los sensores, puede fallar la plataforma domótica y pueden fallar los automatismos que hagas, así que mi casa sigue teniendo los pulsadores de la luz que encienden y apagan como plan de contingencia.

Amigable con los invitados

Que yo que he montado mi SmartHome sepa que comandos tengo que darle a un asistente virtual es una cosa, pero obligar a que para que la casa funcione mi familia o invitados tengan que saberlo me parece demasiado. La casa tiene que funcionar sola y ser intuitiva. Si que es cierto que la gente suele tener la costumbre de apagar las luces con el interruptor y les tengo que decir que no es necesario, pero solo eso.

Preservar la privacidad

En mi casa no hay cámaras ni funciona en base a que alguien lleve un dispositivo encima, yo podría llevarlo pero si por cualquier motivo tiene que estar alguien de mi familia en mi casa sin mi, me parece muy intrusivo obligarles a llevar una App en el móvil. Mi casa si no está ocupada por nadie se apaga todo, imagínate que me marcho y le dejo a mi madre por ejemplo y se le paga todo.

Otra de las cosas referidas a la privacidad es que todo los datos y el procesado de esos datos debe estar en local, no te haces ni idea de las cosas que puedes saber cruzando datos aparentemente inofensivos. Así que nada de nubes (o lo mínimo posible)

Que me informe la casa de las anomalías

La plataforma que utilizo para mi SmartHome es Home Assistant que permite crear unos cuadros de mando muy completos pero la verdad es que no es plan de estar todo el día mirando la pantallita, es mejor que sea la propia casa la que me informe cuando hay alguna anomalía.

Y estos son los principios básicos sobre los que montado mi Smart Home y estoy contento.