Hace años, en un proyecto con un cliente, teníamos que integrarnos con una herramienta desarrollada in-house. Cuando necesitábamos ayuda, uno de los técnicos del cliente nos advirtió sobre el especialista que la había construido: “es un externo, y solo cuenta lo mínimo para no volverse prescindible”. Esa estrategia de retener el conocimiento como escudo de empleo me dejó pensando… y ha vuelto con fuerza gracias a la IA.
¿Hasta cuándo se puede esconder el conocimiento?
En aquel entonces, guardar el know-how era casi una garantía de estabilidad, si lo conseguías claro. Hoy, con herramientas como los copilotos de IA o los modelos LLM personalizados, la lógica ha cambiado. La IA aún no hace magia, pero ya se estima que puede aportar entre un 5 % y un 15 % de productividad en tareas comunes. Y eso es solo el principio.
El verdadero salto vendrá cuando superemos el umbral del 40 % en tareas sistemáticas, como las de back-office o soporte técnico. ¿Qué pasará entonces con quienes basaban su valor en ser los únicos que sabían “cómo funcionaba aquello”?
¿Tu conocimiento vive solo en ti… o también en una IA?
La paradoja es interesante: quienes antes no querían documentar para no ser sustituibles, ahora tienen que decidir si entrenan a una IA con su saber. Pero si lo hacen bien, puede que ya ni siquiera sea el cliente o el proveedor quien se beneficie: podrían tener un copiloto entrenado a su manera, con su estilo, con sus matices. Algo más que una libreta de notas, menos que un clon… pero suficientemente eficaz.
Esto conecta con lo que ya comentábamos en otras entradas: hay que ir tachando lo que ya no haces mejor que una máquina. Si el diferencial era “tenerlo todo en la cabeza”, más vale ir pensando otro.
¿Y si una IA asiste a todas las reuniones?
Imagina que una IA está en todas las reuniones, captura todas las decisiones, accede a toda la documentación y, además, no olvida. ¿Dónde queda entonces el “valor” de ser el que sabe lo que se dijo? El conocimiento tácito, ese que se filtra por los pasillos, puede tener los días contados.
Claro que siempre quedarán lagunas: el histórico anterior a la IA, las decisiones no documentadas, los matices que no están escritos. Pero el campo de juego se está estrechando. Y quienes no se adapten, se verán atrapados entre lo que saben… y lo que no quieren soltar.
Moraleja
El conocimiento deja de ser poder si no evoluciona en utilidad. Hoy, el valor está en saber explicar, conectar y aplicar. No en esconder. Si antes era cuestión de ego, ahora es de estrategia.
💬 ¿Cómo ves tú esta transición? ¿Has vivido ya situaciones parecidas? Lo comentamos en LinkedIn.
✍️ Sí, me ha echado una mano ChatGPT. Pero la historia, la idea y las dudas son mías. Como siempre. Diseñado en la cabeza de Iñigo, made in ChatGPT.
