ChatGPT como copiloto: conclusiones de un experimento personal

Hace meses decidí usar mi web como laboratorio para ChatGPT. Siempre ha sido una mezcla de tarjeta de presentación y laboratorio. Ahora, esa faceta laboratorio de inteligencia artificial ha tomado el mando.

¿Qué he aprendido trasteando con ChatGPT?

Después de darle bastante cera, hay cosas que tengo claras:

  1. Si sabes del tema, ChatGPT no es mejor que tú. Puede aportar puntualmente, pero a veces alucina. Eso sí, lo hace mucho más rápido.
  2. Si no sabes del tema, es oro. No será el mejor copywriter del mundo, pero escribe mejor que yo y en menos tiempo.
  3. Es un copiloto, no un piloto. Para temas sensibles (salud, decisiones críticas) necesita supervisión. Para otros, como optimizar un post, me sobra.
  4. Puede hacer mucho más de lo que creemos. Pero hay que darle contexto y cuidar el formato de entrada, si no, alucina.
  5. Conviene preguntarle cuando se va por las ramas. Suele explicar por qué y ajusta el tiro.

ChatGPT cambia la forma de trabajar

Lo veo claro: tenemos que adaptar nuestros procesos para incorporar a este “ayudante digital”. No es solo prompt engineering; es repensar cómo estructuramos la información para que saque su máximo potencial.

En mi caso, lo estoy usando para todo: desde posts de blog hasta elegir perfumes o renovar ropa. ¿El resultado? Me descarga de tareas repetitivas y me deja energía para lo creativo, justo donde quiero estar.

Moraleja

La IA no viene a sustituirte, viene a multiplicar lo que puedes hacer… siempre que sepas pilotar. Y si no, al menos deja que el copiloto te lleve un rato 😉.


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Ya sabes que esta entrada está Diseñada en la cabeza de Iñigo, made in ChatGPT