Hace meses decidí usar mi web como laboratorio para ChatGPT. Siempre ha sido una mezcla de tarjeta de presentación y laboratorio. Ahora, esa faceta laboratorio de inteligencia artificial ha tomado el mando.
¿Qué he aprendido trasteando con ChatGPT?
Después de darle bastante cera, hay cosas que tengo claras:
- Si sabes del tema, ChatGPT no es mejor que tú. Puede aportar puntualmente, pero a veces alucina. Eso sí, lo hace mucho más rápido.
- Si no sabes del tema, es oro. No será el mejor copywriter del mundo, pero escribe mejor que yo y en menos tiempo.
- Es un copiloto, no un piloto. Para temas sensibles (salud, decisiones críticas) necesita supervisión. Para otros, como optimizar un post, me sobra.
- Puede hacer mucho más de lo que creemos. Pero hay que darle contexto y cuidar el formato de entrada, si no, alucina.
- Conviene preguntarle cuando se va por las ramas. Suele explicar por qué y ajusta el tiro.
ChatGPT cambia la forma de trabajar
Lo veo claro: tenemos que adaptar nuestros procesos para incorporar a este “ayudante digital”. No es solo prompt engineering; es repensar cómo estructuramos la información para que saque su máximo potencial.
En mi caso, lo estoy usando para todo: desde posts de blog hasta elegir perfumes o renovar ropa. ¿El resultado? Me descarga de tareas repetitivas y me deja energía para lo creativo, justo donde quiero estar.
Moraleja
La IA no viene a sustituirte, viene a multiplicar lo que puedes hacer… siempre que sepas pilotar. Y si no, al menos deja que el copiloto te lleve un rato 😉.
💬 ¿Tú también estás probando IA en tu día a día? Cuéntamelo en LinkedIn y seguimos la conversación.
Ya sabes que esta entrada está Diseñada en la cabeza de Iñigo, made in ChatGPT…

