Durante un tiempo he estado usando ChatGPT casi a diario. Empecé como mucha gente: lo trataba como un “Google vitaminado”. Le hacía preguntas y, en vez de leer diez enlaces, me quedaba con un resumen.
Pero poco a poco empecé a pedirle cosas más específicas. Y una de las más inesperadas ha sido esta: usarlo para ayudarme a comprar ropa.
El detonante: un armario que ya no encaja
Hace aproximadamente un año empecé con una serie de problemas (nada grave), como consecuencia, perdí bastante peso.
En pantalones bajé tres tallas. Cuando llegué a mi peso ideal, lo obvio ocurrió: casi toda la ropa que tenía dejó de servirme y tuve que comprar de nuevo.
Comprar ropa nueva es un desembolso importante. Y yo no soy asesor de imagen, ni personal shopper, ni nada por el estilo.
De entrevista de trabajo a entrevista de estilo
Con ChatGPT ya había hecho una cosa que me funcionó muy bien: pedirle que me hiciera preguntas para darle contexto.
En su momento lo utilicé para temas del blog. Para ropa, repetí el enfoque: le pedí que me empezase a preguntar sobre estilo, preferencias y hábitos, para que entendiera “cómo visto” antes de recomendar nada.
Un proyecto, un manifiesto y un inventario
La experiencia fue más interesante de lo que esperaba. Tuve muchas conversaciones y, para ordenarlo, me creé un proyecto donde fui guardando:
- Un “manifiesto de estilo” creado a partir de esas conversaciones.
- Un inventario de la ropa que iba comprando.
Con eso, empecé a preguntarle prácticamente todo lo que me planteaba comprar.
“¿Te apetece?” No: a veces me dijo que no
Podrías pensar que una IA siempre te va a decir que sí, que compres la prenda que le enseñas. Pero no fue así.
Hubo prendas que pensé comprar (por ejemplo, aprovechando el Black Friday) y me dijo que no me lo recomendaba. Y cuando le pregunté el porqué, me lo explicó.
Contexto > “cómo se lo pidas” (cuando el contexto está bien)
Con suficiente contexto, muchas “técnicas de cómo pedirlo” me dieron igual. Llegué a hacer esto: ver una camisa en El Corte Inglés, sacarle una foto y preguntarle, sin más:
“Esta camisa, ¿qué tal?”
Y, como ya tenía el contexto, me respondía si encajaba o no con mi estilo y con lo que ya tenía.
Iterar, depurar y comprobar (como con software)
Eso sí: el contexto tiene que estar pulido. A veces me proponía combinaciones que no me cuadraban.
Recuerdo una en la que me sugirió una chaqueta con un pantalón y le dije que no pegaba. Su respuesta fue muy útil: “sí pega, pero en un estilo inglés; tú tienes un estilo más mediterráneo”.
Ahí entendí que el “manifiesto” no era un documento estático, sino un artefacto vivo. Si algo generaba confusión, había que reflejarlo para que no volviese a pasar.
Y empecé a hacerle pruebas, literalmente como si fuese software: “¿esta camisa con este pantalón pega?”. Dependiendo de lo que respondía, veía si estaba alineado con lo que a mí me parecía o no.
Moraleja
Cuanto más contexto tienes, mejor trabaja. Y cuanto más iteras, más útil se vuelve ese contexto. La IA no sustituye tu criterio: lo amplifica, siempre que le enseñes (con paciencia) cómo piensas tú.
¿Tú qué estás quitando (o manteniendo) de tu stack de IA? Te leo en LinkedIn.
Relacionados sugeridos
- Cuando ChatGPT se volvió mi personal shopper… de perfumes — mismo patrón: contexto acumulado + decisiones cotidianas.
- Le he pedido a ChatGPT que me haga una entrevista de trabajo — el enfoque de “primero pregúntame” aplicado para dar contexto.
- ChatGPT como copiloto: conclusiones de un experimento personal — encaja si quieres enmarcar esto como parte de un experimento más amplio.

