Mentoring: la pieza oculta para optimizar equipos de desarrollo

Un equipo y su mentor

Cuando empece a trabajar hubo compañeros y jefes que me ayudaron como funcionaba realmente una empresa y siempre he pensado que también me corresponde a mi ayudar a los compañeros mas nuevos, pero además…

¿De qué sirve tener una cadena de suministro de software ultrarrápida o una arquitectura perfecta si el equipo humano es el eslabón más débil?

La construcción de software es un proceso creativo: los errores (y los aciertos) provienen, en última instancia, de las personas. Aquí es donde el mentoring marca la diferencia: permite que el conocimiento fluya, que los errores se minimicen y que los equipos realmente mejoren sprint a sprint.

Por qué el mentoring importa cuando buscas eficiencia

Aplicar el mentoring te va a aportar entre otras cosas los siguientes beneficios:

  • Evita cuellos de botella “silenciosos”: un junior que duda 30 min por día suma > 10 h/mes de fricción para el equipo.
  • Acelera la curva de aprendizaje: compartir heurísticas reales —no solo teoría— reduce en meses la autonomía operativa.
  • Mejora la calidad de código y la moral: menos retrabajo y más confianza mutua.

Optimizar un pipeline CI/CD sin optimizar a las personas es como afinar un motor y usar combustible de mala calidad.

Que es para mi el mentoring

Cada uno tiene una forma de entender el mentoring, pero para mi es:

Transferencia de experiencia aplicable: trucos, patrones y errores que no aparecen en la documentación oficial.

Modelo de acompañamiento, no de inspección: el mentor no dicta, pregunta y guía.

Focus en cómo trabajar, no solo en el qué: feedback constructivo, buenos hábitos, comunicación con negocio.

Moraleja

El mentoring no es un “extra” blando; es la columna vertebral que convierte buenas herramientas en resultados reales. Si tu equipo está estancado a pesar de tener la mejor arquitectura, quizá el siguiente sprint de optimización no deba pasar por Jenkins, sino por una conversación uno-a-uno. También puedes echarle un vistazo a como aterizar a un junior, o una IA.


¿Tienes alguna experiencia similar? Conectemos en LinkedIn y la comentamos.

Ultimamente mi mentor es ChatGPT, ya sabes Diseñado en la cabeza de Iñigo, made in ChatGPT.

¿Que es la innovación?

Fotografía realista, formato horizontal 16:9, oficina luminosa y moderna. En primer plano, una ingeniera joven —protagonista femenina, piel morena— explica ideas en un cristal con post-its de colores y diagramas de flujo. A su alrededor, equipo diverso (mujer asiática, hombre afrodescendiente, hombre caucásico) escuchando y tomando notas en tablets. Sobre la mesa, prototipos y herramientas sencillas que sugieren mejoras incrementales, mientras en segundo plano se proyectan sutilmente iconos holográficos que insinúan soluciones disruptivas. Sin logotipos ni marcas visibles. Estilo fotográfico limpio, colores cálidos y mucha luz natural.

En la anterior ocasión ya hablamos de que, en realidad, la innovación es la modernización de unas prácticas muy comunes desde hace mucho tiempo. Pero ¿qué es realmente la innovación? Podemos preguntarle a ChatGPT y lo que nos dice es lo siguiente:

«La innovación es el proceso de introducir nuevas ideas, métodos, productos o servicios que resultan en mejoras significativas o cambios positivos en diversas áreas. Puede ocurrir en distintos contextos, tales como tecnología, negocios, educación, salud y muchos otros. La innovación puede implicar la creación de algo completamente nuevo (innovación disruptiva) o la mejora de algo existente (innovación incremental).»

Pero ¿Que es la innovación?

La experiencia que he adquirido me hace ser de la misma opinión y me gustaría compartirte algunas reflexiones que se desprenden de esta definición.

Como la innovación supone algo nuevo o, al menos, una mejora, implica que para cada persona u organización «innovador» puede significar cosas distintas. Me explico: supongamos que una empresa gestiona sus proyectos con una metodología clásica en cascada; implantar una metodología más moderna basada en el agilismo le supondría una mejora y, consecuentemente, sería innovación. En cambio, para otra empresa del mismo sector que ya utilice agilismo no habría mejora y, por tanto, el agilismo no sería innovador. En definitiva, tú defines qué es innovador para ti.

El concepto de que algo suponga una mejora significativa es muy amplio, así que casi cualquier cosa puede ser innovadora. Por ejemplo, si un equipo desarrolla una aplicación de software sobre una versión de un lenguaje de programación y la migra a una versión superior que le permite mejorar su productividad gracias a las nuevas características del lenguaje, también se consideraría innovación. Eso es una suerte podrás seguir haciendo lo de siempre y decir que eres innovador… 😉 o no.

Que es la innovación para mi

Con esta definición prácticamente todo encaja dentro de la innovación, pero para mí lo que marca la diferencia a la hora de considerar si una empresa es innovadora o no es el hecho de si tiene un proceso de innovación definido, sistematizado y auditado… o si, simplemente, son unos colegas haciendo una prueba mientras se toman un café de máquina en la oficina.

Innovación disruptiva vs incremental

Creo que es esencial interiorizar que la innovación no tiene que ser necesariamente disruptiva; es decir, no tiene por qué poner patas arriba tu empresa o tu sector. Puede ser perfectamente incremental, con pequeñas mejoras, porque esto suele alejar a demasiadas personas de la innovación y si es el negocio que suele ser el patrocinador, tienes un problema.

Si lo tuviésemos todo claro, no sería innovación: sería un proyecto

Moraleja

Al final, innovar no es saltar al vacío, sino acotar riesgos y aprender deprisa.


¿Conoces mucha gente que piensa que la innovación debería ser disruptiva? Cuéntamelo en LinkedIn; me encantará conocer tu visión.

Diseñado en la cabeza de Iñigo, made in ChatGPT también es innovación.

De la Feria a la Innovación: Superando la Resistencia y Adoptando Nuevas Tecnologías

Fotografía realista con iluminación natural y ambiente diáfano en un pabellón de feria tecnológica. En primer plano, una ingeniera rubia sostiene una tablet mientras evalúa un brazo robótico de última generación en funcionamiento. A su lado, un compañero asiático y otro caucásico hojean catálogos impresos y comentan posibles mejoras, simbolizando el paso de los catálogos de feria a la prueba de concepto. Al fondo, stands y pantallas ligeramente desenfocados, sin logotipos visibles. Composición horizontal 16:9, colores vivos y sensación de entusiasmo por la innovación.

De mi experiencia gestionando innovación he extraído varios aprendizajes, y en esta ocasión quiero compartir contigo el que, para mí, es el más importante: superar la propia resistencia a la innovación. Una vez derribada, se desbloquea todo el universo de posibilidades.

Recuerdo a mi padre, ingeniero técnico industrial, cuando yo era pequeño. Llegaba a casa cargado con bolsas de catálogos tras visitar alguna feria —la más trascendente para él era la Bienal de Máquina‑Herramienta de Bilbao—. Extendía los catálogos sobre la mesa del comedor y empezaba a clasificarlos.

A veces descubrían un producto o proveedor desconocido; otras, nada que ya no conocieran en la empresa. Eso también lo consideraban positivo: significaba que estaban al día. Supongo que estarás de acuerdo en que este modo de proceder es normal; si no te actualizas, te adelanta la competencia.

En una ocasión lo acompañé a una feria en la ciudad. Se detuvo en un stand que vendía una máquina de encuadernar y comentó que tenían problemas al encuadernar las fotocopias en la oficina de la que él era responsable —hablamos del siglo pasado—. La máquina tenía buena pinta y el precio le pareció razonable, así que encargó una.

Tiempo después le pregunté cómo funcionaba; me contó que la habían probado, pero no terminó de convencerles. La devolvieron y compraron otra que se ajustaba mejor.

Me parece lógico: si ves algo que puede solucionar tu problema a un precio razonable, lo mínimo es probarlo, sobre todo en una empresa grande donde el coste de esa máquina no llega ni a la categoría de calderilla.

La innovación hoy día

Eso era el siglo pasado. Hoy el escenario se ha sofisticado. Procedo del mundo del desarrollo de software —es decir, de producción—; cuando me entrevistaban para el puesto de consultor de innovación mi gerente me acompañó, y al salir le confesé que, literalmente, no entendía qué hacía aquella gente. En ese proceso de sofisticación —metodologías, auditorías, departamentos de innovación— hemos perdido a algunas personas que piensan que innovar es casi como enviar un cohete a la Luna con magia negra.

Si quien se pierde es tu cuñado quizá hasta mole; si es un directivo de tu empresa o un cliente, probablemente sea un problema.

Conceptos clave

Te voy a actualizar los conceptos clave, simplificándolos un poco:

  • La versión moderna de señalar en el calendario las ferias para buscar novedades es lo que hoy llamamos observatorio tecnológicoradar de innovación o similar.
  • Probar una máquina encuadernadora con potencial de resolver tu problema ahora se denomina proof of concept—o PoC si lo dices en inglés.
  • Que la encuadernadora con buena pinta no te sirva una vez probada y tengas que buscar otra era normal en el siglo pasado y sigue siéndolo hoy: una PoC fallida no es un fracaso, es aprendizaje.

En el fondo, todo este modo de funcionar se engloba en el concepto de innovación, que puede ser disruptiva o no; pero eso lo dejamos para otra ocasión.

El mundo se ha sofisticado y cada día gira más rápido, pero los problemas básicos siguen siendo los mismos.

Moraleja

La moraleja es sencilla: probar y aprender sigue siendo la forma más rápida de ganar ventaja competitiva, por mucho que cambien las etiquetas. ¿Te apetece compartir tu última PoC (exitosa o fallida)? Conectemos y charlemos en LinkedIn.

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También es innovación el Diseñado en la cabeza de Iñigo, made in ChatGPT.