El GPT de mi web me ha abierto los ojos (y no solo para escribir mejor)

Hace un tiempo decidí probar a crearme un GPT personalizado para ayudarme con las tareas del blog: redactar borradores, categorizar, generar imágenes… lo típico. Pero lo que empezó como un “truco de productividad” ha acabado siendo una pequeña epifanía sobre cómo puede evolucionar nuestro trabajo en desarrollo de aplicaciones con la IA.

¿Para qué usamos (de verdad) la IA en las empresas TI?

Lo primero que se nos ocurre a los que estamos en tecnología es usar la IA para hacer lo mismo de siempre, pero más rápido y con más calidad: programar, escribir historias de usuario, documentar… Y sí, funciona. Nos hace más productivos y mejora los entregables.

Pero… seguimos haciendo las mismas aplicaciones. El valor añadido es interno, para nosotros como desarrolladores, no para el usuario final. Es una mejora, pero no es transformación.

IA dentro de las aplicaciones: que el usuario también gane

El segundo salto es dotar a nuestras aplicaciones de más inteligencia, para que las personas que las usan sean más eficientes o reciban respuestas más útiles. Un ejemplo real: mi propio GPT en WordPress no solo escribe textos, también aplica mi estilo, mi estructura de pensamiento y mis temas recurrentes.

Ese mismo patrón se puede aplicar en los portales, en los backoffices, en los CRM: que las aplicaciones aprendan cómo se expresan y trabajan sus usuarios, y les ayuden de forma contextual. Aquí sí estamos añadiendo valor al producto, no solo al proceso.

Y el paso siguiente… ¿para qué IA hacemos nuestras aplicaciones?

Este es el punto que más me interesa últimamente: crear servicios diseñados explícitamente para ser consumidos por inteligencias artificiales, no por humanos.

Porque si el consumidor de nuestros APIs va a ser un agente autónomo, tener un REST con documentación en Swagger igual ya no vale. Necesitamos nuevos protocolos de contexto como el Model Context Protocol (MCP) o repensar nuestros endpoints para exponer capacidades de negocio, no solo operaciones CRUD.

¿Nos consume una persona con interfaz gráfica o una IA que busca resolver una intención compleja? Eso lo cambia todo.

Moraleja

La IA no es solo una herramienta más en nuestra caja: es un nuevo interlocutor, tanto en el proceso como en el destino final de nuestras aplicaciones.



¿Y tú? ¿En qué punto estás con la IA en tu trabajo diario? Te leo en LinkedIn 😉

Diseñado en la cabeza de Iñigo, made in ChatGPT y también abre ojos