Es domingo por la tarde. Mi blog, seamos honestos, es una mezcla rara: una tarjeta de presentación muy cara y un laboratorio donde hago mis pruebitas. Últimamente el laboratorio está muy entretenido: llevo semanas construyendo una bóveda de conocimiento personal que ingesta artículos, los clasifica, genera grafos que conectan ideas entre autores distintos. Lo que empezó siendo una evolución razonable —antes solo editaba posts, ahora quiero que también me ayude a encontrar temas y a aprender— se ha convertido en un jardín. Uno de esos de los que cuesta salir.
De «hazme un script» a «no sé qué he decidido»
El patrón es siempre el mismo. Le pides algo sencillo: que te automatice la ingesta de un artículo. Funciona, así que le pides la clasificación. También funciona, así que vas a por el grafo de conocimiento. Y de ahí a la diarización de hablantes en transcripciones de YouTube —algo que no había tocado en mi vida— escrito todo en scripts de Python, un lenguaje que tampoco he programado nunca.
Claude te va proponiendo cosas que, en principio, parecen razonables. Y como no le dedicas mucho rato —esto es un proyecto de fin de semana, no de trabajo—, tampoco piensas mucho las cosas. Dices «vale, perfecto» y sigues. Ese «vale, perfecto» repetido veinte veces es el problema: te da una sensación de control que no es real. No sabes si lo que acabas de aprobar tiene sentido. Solo sabes que suena bien.
La resaca del domingo con prisa
Y entonces empiezan a aparecer las grietas. No se da cuenta de que la transcripción de un vídeo ya existe en YouTube y no hace falta generarla de nuevo. Cuando transcribes en local, a veces alucina y el resultado es sutilmente incorrecto. Los scripts de Python se han ido llenando de funcionalidad añadida sobre la marcha hasta convertirse en un batiburrillo que ni tú entiendes.
Al final, aprovechando la vuelta del modelo Fable (que es más listo), le pedí que le echara un vistazo a todo aquello, porque tenía la sensación de que se estaba desmadrando. Y, efectivamente, estaba desmadrado: media docena de scripts pequeños que se podían fusionar en un par de ellos, y más cosas.
Lo curioso no es que la IA se equivocara. Es que, como yo tampoco sabía lo suficiente, no me di cuenta de lo que se le había pasado. Vas a la deriva convencido de que llevas el timón, y solo cuando ya no te acuerdas de por qué decidiste algo —y le tienes que pedir a la propia IA que te documente lo que has hecho para no perderte— te enteras de que no lo llevabas.
Lo único que de verdad me está funcionando
De todo lo que he ido probando, una cosa sí ha demostrado su valor: usar OpenSpec para dejar por escrito, antes de implementar, qué se va a hacer y por qué. Parece burocracia de fin de semana, pero no lo es: queda documentada la decisión, así que la propia IA es capaz luego de recordar por qué se tomó, en lugar de que tengas que reconstruirlo tú de memoria (que es justo lo que no funciona cuando decides veinte cosas seguidas sin pararte a pensarlas).
En el trabajo esto no es opcional: ahí sí hay que leer los diseños, prestar atención a lo que la IA propone, no dejarse llevar por la velocidad. En un proyecto personal de fin de semana, en cambio, puedo tirar para adelante y pagar el precio después.
Por eso recomiendo el vibe coding
Con todo el mundo diciendo que no hay que hacer vibe coding, yo lo recomiendo, con un poco de sorna. Una vez. En algo pequeño y sin consecuencias reales. Vas a aprender en un fin de semana lo que ningún curso te va a enseñar de verdad: que la IA, por muchas cosas plausibles que te proponga, no sabe lo que tú no sabes. Y que la sensación de control que te da es, precisamente, el riesgo.
Moraleja
El vibe coding no es peligroso porque la IA se equivoque de vez en cuando. Es peligroso porque tú, si no sabes lo suficiente, no te enteras de cuándo se equivoca. Hazlo una vez, en un proyecto sin nada que perder, y sabrás exactamente por qué no deberías volver a hacerlo así en algo que sí importa.
¿Te ha pasado alguna vez sentir que controlabas tu propio código —o tu propio proyecto— y en realidad ibas a la deriva? Cuéntamelo en LinkedIn.
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