Cuando los agentes aceleran todo: qué le pasa a tu equipo técnico

Dos desarrolladores de diferentes géneros y etnias colaborando en una oficina moderna con múltiples pantallas de código y paneles de integración de IA, rodeados de plantas y arte abstracto.

Tradicionalmente, mantener una aplicación en versiones antiguas de sus frameworks y librerías era caro. Muy caro. Migrar de Java 8 a Java 17, o saltar de un framework viejo a uno moderno, requería tiempo, dinero y riesgo que muchas organizaciones preferían no asumir. Era más barato dejar el sistema tal cual estaba.

Así que pasaban los años. Y mientras el mundo avanzaba, tú seguías en tu aplicación. Eras muy productivo ahí: sabías dónde estaba todo, conocías sus rincones, sus peculiaridades. Era tu dominio.

La IA convierte la migración en algo viable

Ahora imagina que esos agentes de IA pueden migrar esas aplicaciones automáticamente. No solo a versiones más nuevas del mismo framework, sino incluso entre tecnologías. De Java a Go, de un ORM viejo a Hibernte moderno, de arquitectura monolítica a microservicios.

De repente, ese coste que justificaba «no tocar nada» desaparece.

Y con él desaparece también algo que nadie menciona: el lastre económico que permitía vivir de lo que ya sabías. Si migrar era caísimo, entonces seguías manteniendo la aplicación vieja, y tú seguías siendo el único que sabía cómo funcionaba. Eras productivo, eras necesario, y ese conocimiento era específico.

Pero si migrar se vuelve barato —casi gratis—, entonces la pregunta ya no es «¿modernizamos?» sino «¿por qué no?» Y la respuesta a eso recae en los equipos técnicos.

El ciclo de mantenimiento se acelera

Aquí es donde las cosas se ponen incómodas. Si antes podías vivir cinco, diez, quince años de una aplicación en versión antigua, ahora los ciclos se comprimen.

Ya no es «Java 8 hasta la jubilación». Ahora es «Java 8, luego Java 11, luego Java 17». Con cada salto viene no solo una nueva sintaxis: vienen nuevos patrones, nuevas herramientas, nuevas formas de estructurar el código.

Y eso significa que los técnicos ya no pueden permitirse el lujo de la especialización profunda en una única aplicación. Porque esa aplicación está en movimiento.

Dos fuerzas que se solapan

Hay un detalle que me preocupa más: los agentes y sistemas de IA que asisten este trabajo evolucionan más rápido que incluso las versiones de los lenguajes.

Si eres especialista en Java, ya tienes un reto: mantenerte al día con las nuevas versiones, los nuevos patrones, las nuevas librerías. Eso cuesta tiempo. Cuesta atención.

Pero ahora, encima, tienes agentes que cambian cada mes. Nuevas capacidades, nuevos «skills», nuevas formas de resolver problemas. Como he contado en otros posts, la velocidad con la que todo esto evoluciona es casi desorbitada.

¿Cómo se supone que una persona sigue siendo competente en Java moderno y en todos los agentes de IA que están emergiendo? No es una pregunta teórica: es lo que está pasando ahora mismo en los equipos.

La bifurcación que se aproxima

Esta tensión me lleva a una reflexión que seguramente veremos materializarse: la separación de los técnicos en dos perfiles.

De un lado, los que se especializan en el conocimiento técnico profundo: programación, arquitectura, patrones, frameworks. Gente que entiende Java moderno, que sigue el ritmo de las versiones, que domina el stack técnico.

Del otro, los que se especializan en sistemas de inteligencia artificial e integración: cómo estructurar agentes, cómo entrenarlos, cómo conectarlos con los sistemas existentes, cómo gestionar el conocimiento que alimenta la IA.

No es que uno sea mejor que el otro. Es que los ciclos de evolución son distintos, y las habilidades requeridas divergen. Hace años pasó algo similar: antes tenías al desarrollador del backend y al del frontend. Evolucionaban juntos, pero cada uno conocía su terreno. Ahora, pero en otra escala.

La implicación estructural

Esto no es un problema de productividad. Es un cambio en la forma de organizar los equipos.

Si antes tenías un equipo «Java» y todos evolucionaban juntos, ahora puede ser que tengas:

  • Un grupo que sigue siendo la punta de lanza técnica (Java moderno, arquitecturas de microservicios, etc.)
  • Otro grupo que lidia con la integración de agentes, el entrenamiento de sistemas, la arquitectura de prompts y skills

Y claro, estos dos grupos tienen que trabajar juntos. No puedes tener uno sin el otro. Pero sus presiones de actualización son distintas. Sus curvas de aprendizaje divergen.

Moraleja

La IA no solo hace el trabajo más rápido: hace que el coste de cambiar sea bajo suficiente para que cambiar sea inevitable. Y eso significa que el conocimiento que podía mantener a una persona productiva durante años ya no te basta. Porque el trabajo no está quieto, y los agentes que te ayudan a mantenerlo tampoco.


¿En tu equipo ya estáis viendo esta bifurcación? ¿O seguís esperando que una misma persona maneje Java moderno y la integración de agentes sin que se le vuelva la cabeza? Cuéntame en LinkedIn.

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¿Quién supervisa a la IA cuando sabe más que tú?

Una supervisora observa a varios androides trabajando con ordenadores en una oficina, con expresión de duda sobre cómo validar lo que hacen.

Hace unos días me encontré en una situación curiosa: le pido algo a un agente de Codex y, para resolverlo, se pone a generarse “sus herramientas” en Python.

El resultado que me entrega funciona, pero hay una parte que me deja incómodo: yo no conozco Python. Y si no conozco Python, mi capacidad de validar si ese script está bien hecho o si está a punto de romperse es, siendo honestos, limitada.

Y ahí me saltó una alarma que va mucho más allá del lenguaje.

El «humano en el bucle»… ¿qué humano?

En teoría, la adopción de IA en desarrollo se apoya en una idea tranquilizadora: siempre hay un humano supervisando.

Eso funciona cuando el humano entiende el terreno. Si la IA me ayuda en un proyecto Java y yo conozco Java, puedo juzgar si lo que propone encaja con lo que el proyecto requiere, si huele raro, o si me estoy comprando un problema para dentro de dos sprints.

Pero cuando la IA decide que la mejor forma de ayudar es construirse piezas en un lenguaje que yo no domino, el «humano en el bucle» empieza a parecerse más a un sello de “aprobado” que a una supervisión real. No porque haya mala fe. Porque el bucle se rompe por asimetría de conocimiento.

Cuando la IA migra cosas que tu equipo no conoce

Pienso en un escenario bastante plausible: migraciones. Por ejemplo, coger aplicaciones heredadas tipo J2EE y moverlas a frameworks más modernos, como Spring.

En el momento en que estas herramientas hagan esas migraciones “bien” de forma automática, el humano que está supervisando puede no ser quien más sabe del destino. Y entonces aparece una tensión incómoda:

  • La IA puede saber más que el humano sobre “ese tema concreto”.
  • Y el humano puede quedar relegado a validar por intuición, por pruebas indirectas o por confianza.

No es un problema abstracto: es un cambio de responsabilidades.

El desajuste que se cuela en los equipos

Esto conecta con otro desajuste que ya he comentado en algún post previo: cuando una parte del equipo gana productividad por la IA más rápido que otra.

Si llega un punto en el que los programadores producen mucho más de lo que un analista es capaz de “alimentar”, tienes un cuello de botella nuevo. Y si, además, la IA está empujando trabajo hacia tecnologías que el equipo no domina, el cuello de botella puede convertirse en algo peor: una revisión superficial de decisiones que nadie está en posición de discutir.

La velocidad es lo que más me preocupa

De todo esto, lo que más me inquieta no es que ocurra, sino la velocidad a la que está ocurriendo.

En mi caso, la forma de gestionar este blog en verano no tiene nada que ver con cómo lo estoy gestionando en Navidades, y no han pasado ni seis meses. Eso, llevado al desarrollo de software, es una señal clara: nuestros hábitos de validación y supervisión tienen que evolucionar al mismo ritmo que la herramienta.

Si no, el «humano en el bucle» se queda como una frase bonita… justo cuando más falta hace.

Moraleja

La promesa no era “una IA que hace cosas”, sino “una IA que hacemos responsablemente”. Y para eso, el humano en el bucle no puede ser decorativo: tiene que ser competente en lo que está validando, o el bucle deja de ser un control y pasa a ser un trámite.

¿En tu equipo quién está validando de verdad lo que hace la IA cuando el trabajo cae fuera de vuestro stack? Te leo en LinkedIn.

Diseñado en la cabeza de Iñigo, made in ChatGPT.

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De GPTs a agentes y skills: del flujo del verano al de Navidad

En una oficina luminosa, una persona cambia el ‘empleado del mes’: el androide de verano acaba en la papelera y el androide navideño queda en el marco.

En verano conté en el blog que estaba usando ChatGPT y GPTs personalizados para automatizar tareas de edición: borradores, estructura, tono… y, sobre todo, para quitarme trabajo rutinario que me estaba robando tiempo. Lo conté en: El GPT de mi web me ha abierto los ojos (y no solo para escribir mejor).

Sigue siendo cierto: ese enfoque me descargó de un montón de “micro-tareas” que no aportan valor, y me dejó más energía para lo importante.

Pero en verano el flujo seguía teniendo una pega: mucha IA… y demasiado “pica y pala” con ficheros (esto me llevó a ordenar contexto y estructura: Del Prompt Engineer al Context Engineer: cómo la IA me obligó a reorganizar mi web (y mis esquemas mentales)). En Navidad he hecho el cambio que me faltaba: pasar de usar GPTs como herramienta a usar agentes y skills como parte del proceso.

Lo que funcionaba… y lo que no

El problema no era la calidad del texto que me devolvía la IA. El problema era el flujo.

Un GPT te puede generar un fichero, pero después lo tienes que guardar tú, moverlo a su sitio y subirlo a WordPress. Y cuando estás iterando (un ajuste de tono, un cambio de estructura, una idea nueva), esa fricción se acumula.

He intentado tirar por el camino de los MCP (Model Context Protocol) — lo comenté también en Y si el valor ya no está en las respuestas —, pero a día de hoy no lo tengo fino como para que me compense: no me termina de encajar en el flujo y seguía con demasiada gestión manual.

En vacaciones es cuando más “paz mental” tengo para mantenimiento: ordenar, limpiar, y dejar preparado el terreno para el resto del año.

Y este año he aprovechado para cambiar la forma de trabajo. Mantener la web, al final, es mucho de texto… pero también es muchísimo de manejar ficheros: Markdown, estructura de carpetas, persistencia del contexto, versiones.

Para mí, esto es innovación en pequeño: bajar fricción y riesgo hasta que el hábito sea sostenible.

Por qué me he pasado a Codex

He empezado a usar Codex, la herramienta de OpenAI, para el flujo del blog.

Lo interesante es que, aunque sea una herramienta pensada para desarrollo, en mi caso encaja porque mi “producto” también vive en un repositorio: contenido en Markdown, contexto, y un conjunto de automatizaciones alrededor.

De GPTs a agentes (y de prompts a trabajo reproducible)

Lo que he hecho ha sido coger los GPTs que tenía, con sus prompts, y meterlos en una carpeta dentro de Codex. Luego le he dado el contexto y le he pedido que los transforme en agentes y también en skills (dos estándares que están apareciendo para este tipo de flujos).

Y aquí ha llegado la sorpresa práctica: cuando algo no me ha funcionado, o no lo ha hecho como yo quería, le he pedido a la IA que me lo modifique… y lo ha modificado directamente.

Ya no es “te propongo un cambio y tú lo copias y lo pegas”: es iterar sobre el propio sistema de trabajo, con persistencia.

Lo que más me ha cambiado: los scripts dejan de ser “manuales”

Antes, para tareas concretas (por ejemplo, descargar artículos del blog y dárselos a la IA) tiraba de scripts en Python. Me los había generado la IA, sí, pero luego tenía que ejecutarlos yo a mano en el ordenador.

Ahora, con el enfoque de skills, esa automatización pasa a formar parte del flujo: se ejecuta desde dentro, con menos fricción y más continuidad.

Lo que me llevo (por ahora)

Partía con ventaja: ya tenía trabajo hecho (los GPTs, los prompts, y un estilo más o menos definido). Pero aun así, el salto en productividad es muy grande.

No porque el modelo “escriba mejor”, sino porque el flujo es más sencillo: menos pasos manuales, más persistencia, más capacidad de ajustar el sistema cuando se atasca.

Y otra cosa que me parece interesante es que este tipo de estándares se están empezando a soportar en más herramientas, como Claude y Cursor. Es un hilo que también conecta con: De Google a agentes: mi curva de aprendizaje con la IA.

En resumen: no va de “la herramienta ganadora”, sino de montar un sistema repetible que te quite pasos manuales.

Moraleja

La mejora de productividad no viene solo de pedirle cosas a un modelo: viene de integrarlo en un flujo que no te obligue a pelearte con ficheros y pasos manuales. Si la IA puede trabajar con tu contexto y tu estructura, iteras más rápido y con menos desgaste. Y eso, para mantener un blog, es la diferencia entre “lo haré cuando tenga tiempo” y “esto ya va solo”.

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¿Tú qué estás quitando (o manteniendo) de tu stack de IA? Te leo en LinkedIn.

Diseñado en la cabeza de Iñigo, made in ChatGPT.

Un junior, un agente… y la importancia de aterrizar bien

Una mujer joven latina y un androide humanoide son recibidos calurosamente por un equipo diverso en una oficina moderna y luminosa, con un plan de integración visible en pantalla.

Imagina una escena: llega el jefe y suelta, muy contento, que va a poner un junior por cada miembro del equipo. Gratis. Y claro, lo primero que piensas es: ¡guay! Más manos, más capacidad.

Hasta que te das cuenta de que esas manos no vienen con el manual de instrucciones leído. Hay que enseñarles. Hay que hacerles hueco. Hay que invertir tiempo en que se enteren de por dónde sopla el viento en el proyecto.

Onboarding no es un lujo, es una necesidad

Si has trabajado en un entorno con mucha rotación, sabes que el proceso de onboarding se convierte en un salvavidas. Te reduce el tiempo, evita errores tontos y acelera la integración. Pero cuando llevas años en un equipo estable, ese proceso suele estar medio oxidado. El documento de Onboarding no existe porque la última vez que entró alguien al equipo ni existía el termino Onboarding. Y claro te cae un junior y no sabes ni por dónde empezar.

Pues con los agentes de IA pasa lo mismo. Exactamente igual.

Un agente sin contexto es un becario que no pregunta

Le dices a un LLM que te escriba código en Java y te lo hace. Perfecto. Pero lo hace como le parece. Si usas Java moderno, si sigues ciertas convenciones de carpetas o estructura de clases, si tu equipo tiene una forma concreta de comentar, de versionar, de integrar… se lo tienes que explicar. Porque, como el junior, no lo adivina.

Y esto no es que el modelo sea malo. Es que no eres tú. Y si quieres que sea útil de verdad, tendrás que entrenarlo o al menos darle pistas. Lo demás es esperar milagros.

¿Inversión o coste hundido?

Aquí hay dos caminos:

  1. Ser reactivo y tirarte a la piscina sin preparar nada. Spoiler: es como esperar a las rebajas… y quedarte sin talla.
  2. O anticiparte y empezar a documentar cómo trabajas, cómo piensas y qué patrones repites. Igual que harías para escalar tu equipo humano.

Yo me quedo con la segunda. Y más aún si hablamos de lo que se viene de enjambres de agentes, que ya no es uno sino una cuadrilla de “ayudantes” rondando tus procesos.

Moraleja

Ni los juniors ni los agentes vienen enseñados. Pero si sabes guiarles, pueden ser una inversión brutal. Eso sí: solo si tú tienes claro cómo trabajas y por qué. ¿Te lo has planteado?


Si te interesa cómo se pueden estructurar equipos reales, o quieres compartir tu experiencia, sigue la conversación en LinkedIn. ¡Nos leemos!

Diseñado en la cabeza de Iñigo, made in ChatGPT.” Pero le he tenido que aterrizar yo, no te creas, después de eso es muy productivo es si.

¿Y si los bots no quieren leer lo mismo que tú?

Androide programando en dos pantallas de código mientras una ingeniera lo observa asombrada.

Últimamente me ha dado por experimentar con un GPT personalizado que me ayuda a repasar las entradas del blog. Y hace unos días, al pasarle una URL mía, me di cuenta de que el pobre se quedaba atascado. No por falta de inteligencia, sino porque el HTML venía tan cargadito de scripts, estilos y marcos que lo importante —el contenido— se perdía entre la maleza.

¿A quién estamos sirviendo nuestras webs?

Durante años, los arquitectos de software nos hemos centrado en optimizar la experiencia de usuario… humana. Pero resulta que los nuevos usuarios no llevan gafas ni ratón. Son bots. Inteligentes, veloces, insaciables.

Y esos bots, especialmente los que razonan, no hacen una búsqueda, leen un artículo y se van. No. Se lanzan a por toda la web, scrapings incluidos, con un ansia que dejaría a Google Reader en pañales.

Esto plantea una cuestión incómoda: ¿están nuestras webs preparadas para clientes no humanos?

El rendimiento no es lo único: la eficiencia cognitiva del bot

Un humano entra en Google, lee dos párrafos, decide si sigue. Pero un agente basado en IA se lo zampa todo, javascript inútil incluido, para intentar entender. Eso es un despilfarro brutal de ancho de banda, CPU y paciencia (la suya y la nuestra).

Lo he comprobado con mi agente. Si le paso una URL con mucho HTML decorativo, no solo tarda más: muchas veces no consigue extraer lo relevante porque se le cuela el menú, el pie de página y los avisos legales antes del contenido real. Cuando no directamente alguna herramienta anti bots corta parte del contenido.

¿Y si empezamos a pensar en ellos también?

Quizá haya llegado el momento de repensar cómo servimos información. No digo que reemplacemos el frontend, pero podríamos ofrecer rutas alternativas, más livianas, diseñadas explícitamente para estos nuevos consumidores digitales.

Imaginad algo así como un Model Context Protocol (MCP): una interfaz específica que exponga el contenido relevante, sin javascript, sin estilos, sin adornos. Puro conocimiento. Algo así como el «modo lectura» para bots. Quizás nuestros servidores nos lo agradezcan, o el financiero al ver el gasto de la nube de turno.

Moraleja: el próximo cliente puede que no tenga ojos

Estamos en plena transición hacia una web que ya no es solo para humanos. Y como arquitectos, innovadores o simplemente como quienes mantenemos el chiringuito online, toca hacerse preguntas nuevas.

¿Estamos enseñando bien nuestras cartas a estos nuevos jugadores? ¿O seguimos decorando el tablero para un público que ya no mira?


👉 Si esta reflexión te ha tocado una fibra o quieres compartir cómo lo estás resolviendo tú, te leo encantado en LinkedIn. ¡La conversación sigue allí!

De momento lo que si tengo claro es que está Diseñado en la cabeza de Iñigo made in ChatGPT, y que el topicazo de las gafas me ha hecho gracia y lo he dejado. Quien lo leerá ya no lo tengo tan claro 😉

De Google a agentes: mi curva de aprendizaje con la IA

Curva de aprendizaje con IA: de buscador a agente autónomo

Yo lo reconozco: al principio usaba ChatGPT como un Google más listo. Ponías una pregunta, te devolvía una respuesta bien masticadita, y te ahorrabas tener que leer tres PDFs y dos foros para enterarte de algo.

En ese momento, me parecía magia. Y lo era… pero solo el primer acto.

De respuesta a compañero: el segundo acto de la IA

Con el tiempo —y hablando con gente del sector— vi que podía pedirle algo más. No solo respuestas, sino ideas, estructurar pensamientos, cuestionar enfoques. ChatGPT se empezaba a parecer más a un compañero de curro que a un buscador.

Ahí es donde, para mí, empezó la transformación real: no se trataba solo de que supiera más, sino de que me ayudaba a pensar mejor. Microsoft lo llama «copiloto», pero yo prefiero «colega que nunca se cansa».

¿Y si además pudiera hacer cosas por ti?

La diferencia clave entre la IA generativa y la IA agéntica es esta: la primera te dice qué hacer; la segunda lo hace. Y para mí, esa capacidad de ejecutar tareas marca algo más que una evolución técnica: es un cambio de eje. Después de 25 años lidiando con herramientas, tengo claro que esto no es una capa más: es una nueva forma de pensar y trabajar.

¿Quieres borrar archivos con cierto patrón? La IA generativa te da el comando. La agéntica, si la tienes bien configurada, lo ejecuta. Y esto, para quienes venimos de automatizar despliegues o securizar pipelines, es música celestial.

No es magia: es herramienta (con supervisión)

Eso sí, no todo es jauja. A veces alucina, otras se le va la olla… Hay que supervisarla, igual que harías con un junior motivado pero algo despistado. Pero su potencial es brutal.

El verdadero límite ahora mismo no está en la herramienta, sino en nuestra capacidad para imaginar qué más puede hacer por nosotros.

Moraleja

Pasar de usar ChatGPT como buscador a verlo como un colega o un agente autónomo no es solo un cambio de herramienta: es un cambio de mentalidad. Y como todo cambio de mentalidad, empieza por hacerse buenas preguntas.


¿Tú en qué fase estás? ¿Buscando respuestas o delegando tareas? Te leo en LinkedIn 😉

Y si Diseñado en la cabeza de Iñigo, made in ChatGPT es parte de esa curva de aprendizaje